miércoles, 23 de diciembre de 2015

La previa a Navidad

Mañana es noche buena y pasado Navidad. Mi hijo mayor no para de repetir eso. Ha contado los días para Navidad desde el primer domingo de Adviento (y todos en la casa lo hemos hecho junto con él). Finalmente, ya está acá, no falta nada para el gran día. Mañana es noche buena y pasado es Navidad y todavía me faltan algunos regalos por envolver, armar un regalo súper complicado que mi hija la segunda le pidió a Papa Noel, recoger el postre que mandé a hacer (sí porque yo no cocino ni aunque me paguen), escoger la ropa que van a usar mis hijos en la cena de Noche Buena y terminar de esconder bien los regalos de Papa Noel.

Estos días para mí (y estoy segura de que para varios más) son más locos de lo normal. Ando apurada, corriendo de un lado para otro, estresada por encontrar los regalos perfectos, por no encontrarme con el tráfico de Diciembre. Salgo a la calle con miedo.  Así, que prácticamente no salgo a la calle. Hago compras abundantes para toda la semana y me atrinchero en mi casa con mis hijos Y si pudiera, con mi esposo también pero, alguien tiene que salir a ganarse el pan.

Estaba en mi locura navideña escuchando villancicos a todo volumen (AMO estas fechas). Y  de pronto me encuentro con una de esas frases luminosas de Navidad: “recuerda que los regalos no son lo más importante, sino lo más importante es compartir”. Paré un rato, y… me gustaría decir que reflexioné y me relajé y empecé a componer villancicos para cantar mañana con mi familia. Pero, no. No fue así. Me dio una cólera terrible que me trataran de imponer una “reflexividad” barata y una única forma correcta de celebrar estas fiestas. Me terminé peleando vía Facebook con alguna gente.

Navidad 2014 con toda la familia

Así que esta previa a la Navidad no llamaré a la reflexión, ni iniciaré una campaña en contra del consumismo, ni las invitaré a hacer lo mismo. Estas fiestas sólo viviré y dejaré vivir. Me uniré a la emoción de mi hijo y contaré los segundos para Noche Buena, los minutos para Navidad y me pasearé alrededor del árbol buscando nuevos regalos para mí (jajaja).

Cada vez falta menos para el gran día y en esta previa sólo quiero disfrutar. Practicaré viejas tradiciones, inventaré nuevas y sobre todo gozaré mucho. Hagan lo mismo. A su manera, pero háganlo. Por lo pronto, yo me iré a comer un delicioso postre de limón que preparó la señora que me ayuda en casa, agradeceré por la bendición de poder pasar otra Navidad con mi familia y continuaré envolviendo los regalos que me faltan.

¡FELIZ NAVIDAD  A TODAS!

 Y que el próximo año les traiga muchas más bendiciones de las que se imaginan.


martes, 15 de diciembre de 2015

Vamos de paseo, con una Mitsubishi Outlander 2016

Con  3 hijos pequeños y en pleno crecimiento siempre estoy abierta a nuevas alternativas de transporte para mí y mi familia. Es difícil encontrar un carro en el que entremos cómodos los 5 con la nana (o sea, 6 en total) además incluyendo car seats, boosters y coches.  Así que cuando me ofrecieron probar la nueva Mitsubishi Outlander 2016 (full equipo, baby) acepté encantadísima de la vida.

Esta es la Mitsubishi Outlander 2016 que me prestaron
La fui a recoger con mis 3 hijos. Todos estábamos súper ilusionados. Firmé unos papeles, me enseñaron cómo manipular los controles y ¡listo! Empezó nuestra semana con la nueva Mitsubishi Outlander. Mis 3 hijos entraron de lo más cómodos en el asiento de atrás. Cada uno con su respectivo booster. Sólo entraron los 3 así que la nana vino en asiento del copiloto. Usualmente, me gusta que un adulto responsable vaya atrás con mis hijos porque –por lo general-  hay peleas, quieren jugar con las ventanas, o abrir las puertas, a veces tiran cosas, y se fastidian (¿ya dije que se pelean?). 

Felizmente, por la emoción, se portaron como unos angelitos. Además, antes de salir yo ya había puesto seguro de niños en las dos puertas traseras (el seguro de niños en este carro se coloca de forma manual en la misma puerta).  Así, que empezamos nuestro recorrido sin ningún contratiempo.
Esta es la maletera

El carro es suavecito, frena bien y rápido. El timón hidráulico lo puedes hacer girar con solo un dedo. Es una camioneta (lo que se conoce como SUV) precisa, porque es amplia y grande sin ser gigante. O sea, que entra fácil en todos lados. Ya mencioné que la maletera es amplia. En esta versión las lunas y pestillos son eléctricos (aunque creo que ya ahora todos los carros son así). El aire acondicionado es una maravilla y el motor tiene fuerza. Al menos, la fuerza suficiente para llevarnos a mí, a mis hijos y la nana con todos nuestros bultos por el cerro de La Molina casi sin bajar la velocidad. (No me pregunten por caballos, ni nada de eso. Si quieren la ficha técnica click aquí)

Lo único malo para mí es que con los boosters mis hijos ocupan todo el asiento trasero, así que no puede ir nadie atrás con ellos. Esto no sería un impedimento si fueran mayores, pero todavía son pequeños y necesitan supervisión adulta directa. Por esta limitación es que no salimos a pasear fuera de Lima con la Outlander, pero vaya que paseamos dentro. Fuimos: al nido, al colegio, a las clases de deporte, a las terapias, a hacer las compras semanales, en fin, estuvimos por todos lados. Y, ahí es que me di cuenta que el consumo de gasolina en este carro es sumamente eficiente. En una semana de uso, apenas consumió medio tanque. ¡Un éxito! Como siempre en estos carros nuevos te recomiendan que lo mínimo que le eches es gasolina de 95 octanos.

Acá estoy yo recogiendo el carro. Foto tomada por mi hija.

Me gustó mucho el carro. Nos gustó mucho el carro a todos. Mis hijos estaban felices contándole a todo el mundo del carro nuevo de su mamá. Lástima que era prestadito no más. Igual, una linda y divertida experiencia.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Celos entre hermanos, ¿hasta cuándo?

Cuando nació mi segunda hija mi hijo mayor entró en trompo. Los primero días estuvo un poco desconcertado, medio aturdido. Ni bien entendió que había entrado a su vida un ser humano con el que iba a competir permanentemente por la atención de sus padres, se desplomó.  Lloraba, gritaba, hacía berrinches, todo. Todo el tiempo y por cualquier motivo. Sabía que no podía pegarle a su hermanita, así que se desquitó pegándoles a todos los niños que podía. Primero, fueron solo niñas, luego niños y niñas indiscriminadamente.  (post acá)

Me gustaría decir que se le pasó rápido pero, no fue así. Tomó bastante tiempo. Trabajamos muy duro con él. Mi esposo y yo le dedicamos harto tiempo. Su nana se quedó exclusivamente como su nana (o sea, no me ayudó con la recién nacida). Además, consulté especialistas, elaboramos un plan de trabajo con la miss del nido, con la gente que me ayuda en casa y con las psicólogas que contraté para que me apoyaran por ese momento. Pasó el tiempo y lo superó, o al menos, ya aprendió a convivir con ella y la adora (aunque a veces, le da duro también).


Recuerdo que en una de las consultas las especialistas me dijeron que los celos por la llegada de un hermanito/a era algo que tarde o temprano salía a la luz, y era mejor temprano que tarde y era mejor que saliera y que saliera bien y con furia (como con mi hijo). Además, los celos hacia los hermanos es algo que acompaña siempre a todos los que tenemos hermanos. Recordé esto porque me hacía sentir mejor cuando veía a otras mamás cuyos hijos aparecían impasibles frente a la llegada de un hermanito/a y hacían ver al mío como un mal hermano.

Pasó el tiempo y nació mi tercera hija. El mayor tuvo apenas, una pequeña crisis. Aveciné, por parte de la segunda, una tormenta de celos e ira semejante a la que tuvo su hermano mayor con su llegada. Pero, no pasó nada. Recibió a su hermanita muy bien. Es más, le encantaba mirarla, tocarla suavecito, bañarla y peinarla. Me sorprendí de esta reacción pero, yo estaba feliz. Según yo, esta vez todo fluiría mejor. Sin embargo, no podía olvidar las palabras de las especialistas: “tarde o temprano los celos siempre salen y es mejor que salgan temprano”.

Y todo fluyó hasta que la última cumplió un poco más de un año. Ahí, me hija la segunda empezó con los celos. Primero, suave y luego cada vez más fuerte. “Bueno, pensé, tarde o temprano tenía que salir. Felizmente no está tan maleado”. Pero, más de un año después los celos y la cólera hacia su hermana menor no amainan (tanto como quisiera yo, al menos). Por el contrario, por momentos me parece que aumentan.


Pienso que quizá sus celos salieron muy tarde y muy poco, quizá si hubiera sido como los de su hermano ahora estaría más tranquila. Quizá entre hermanas mujeres las peleas y celos siempre serán así. No sé. Según yo, mis hermanas y yo siempre nos hemos amado. Pero, claro también nos hemos peleado de alma. Bueno, por ahora, he hecho un plan, he elaborado una estrategia que parece que ya está dando resultado… aunque con recaídas. Mi consuelo es otra frase que me dijeron las especialistas: “siempre va a haber celos entre hermanos. Hasta que estén en su fiesta de prom, en la universidad, siempre. Lo importante es enseñarles a manejarlos”. En esas estoy, en esas estoy. 

lunes, 30 de noviembre de 2015

¿Por qué dejé de trabajar?

Ayer fue uno de esos raros días en los que mi esposo llegó súper temprano a casa. Y por súper temprano me refiero a realmente temprano. Llegó poco antes de las 6:00 p.m. Para variar, como la que manda es la ley de Murphy, cuando esto sucede yo nunca estoy. Así, que ayer yo no estaba. Estaba con mi hija la segunda en nuestro momento madre-hija. Llegamos a casa y veo a mi esposo feliz jugando con mis otros dos hijos en mi cuarto. Por supuesto, en cuanto la segunda vio esto se le abalanzó encima y no se le despegó en el resto de la tarde/noche.

Acompañó a su papá el resto de la tarde mientras él hacía sus cosas. Yo escuchaba que mi hija le hablaba y hablaba y no paraba de hablar. Le contaba sobre su día, lo que había hecho. Le contó sobre sus clases de natación, sobre su nido, de lo que había comido en el lonche ese día, en fin, todo, todo.
En eso, escucho que le dice a su papá: “Papi, mi hermano siempre te espera haciendo cosas porque él quiere estar contigo todo el día. ¿Sabes? Él siempre quiere estar contigo”. A lo que mi esposo le respondió, “Y, ¿tú? ¿Tú también quieres estar conmigo?”  Mi hija se quedó pensando un ratito. Y le respondió “Sí, yo también quiero estar contigo”.

Mientras escuchaba a mi hija hablando sobre esto con su papá caí en cuenta de lo bien que hablaba, lo excelente de su dicción y su pronunciación. Me di cuenta que había crecido y lo había hecho casi sin que me diera cuenta. Recordé cuando yo trabajaba y notaba cómo mis hijitos (más chiquitos todavía) me sorprendían haciendo cosas nuevas y cómo crecían mientras yo no estaba cerca. Recuerdo también, que llenaban su día haciendo cosas para esperarme. Se pasaban la tarde esperando que llegue. Y yo, muerta de angustia salía de la oficina echa una bala para llegar lo más rápido posible y poder (algunos días) bañarlos, darles de comer y hacerlos dormir.

Mientras me daba cuenta de todo esto, no pude hacer nada más que sonreír y agradecer pues, fue precisamente por esto que dejé de trabajar. No quería tener que esperar a la tarde para estar con ellos y disfrutarlos. Ellos están creciendo y yo he estado aquí para presenciarlo sin angustias, sin tener que contar con los dedos los minutos que paso con ellos cómo hacía antes, si no acompañándolos con calma en su día a día. Cuando trabajaba, le preguntaba a la nana qué tal les había ido en el día y me daba mucha rabia perderme los detalles.  Recuerdo también, que yo estaba como mi esposo, aprovechando cada minuto con ellos, desesperada preguntando sobre su día o tratando de aprehender esos momentos y guardarlos.

Ahora no. Ahora estoy acá siempre. Mirando desde la primera fila y sin que nadie me cuente. Y me alegro tanto de haber tomado la decisión de dejar de trabajar y dedicarme a ellos. (post acá) Decisión que no fue nada fácil pero, ahora me permite estar más tranquila. Sí, claro. Sé que es una posición privilegiada el poder elegir si continuar trabajando o no. Lo sé y agradezco por esta bendición. También sé, que muchas mujeres pudiendo hacerlo prefieren continuar con sus carreras, y no abandonar un sueño que las apasiona y en el que invirtieron tanto. Está bien también. Quedarse en casa no es para todas.

Pero, sí lo es para mí. Y después de tanto tiempo finalmente estoy en paz y feliz con la decisión que tomé. Así, que con sinceridad digo: ¡ama de casa! ¡A mucha honra! A seguir disfrutando he dicho. 

martes, 24 de noviembre de 2015

Cosas que solo gente con Disfunción de Integración Sensorial puede entender

Hace unos días mientras navegaba en Pinterest (tablero acá) encontré unos cómics realizados por dos mujeres que padecen esta rara y poco entendida disfunción. Como ya saben quiénes me leen, mi hijo mayor ha sido diagnosticado con este raro desorden. (Ver post acá) Y ahora, más de un año después del diagnóstico y con toda esta noticia ya bien procesada y asimilada es que me doy cuenta que: a. efectivamente este desorden existe (en un principio me negué a creerlo) y b. que mi hijo (y varias personas que conozco) lo tiene y que es posible reírse (a veces es el mejor remedio) al respecto.

Los cómics escritos por Rachel S. Schneider autora del blog: Coming to My Senses e ilustrados por Kelly Dillon de Eating off Plastic muestran de una manera simple, real y con bastante humor cómo es el día a día de la gente con esta disfunción. Comparto mis favoritas pues, para aquellos que la padecen o son padres de alguien que la padece les va a hacer acordar cosas y matarse de risa, y a aquellos que no están familiarizados con este desorden les va a permitir comprender un poco más.

¡Terror a los globos!, ¿por qué? Porque en cualquier momento pueden reventar. Y esto es más terrible aún porque a los niños siempre, siempre les ofrecen globos, en las fiestas infantiles, en las tiendas hasta en la calle; siempre hay globos. Es muy difícil permanecer alejados de ellos. Lo bueno es que mi hijo ahora ya los tolera. No huye de ellos, y si piensa que van a reventar... se tapa los oídos y sale corriendo.


Esta es mi favorita. Cada vez que mi hijo me abraza es como si una boa constrictora tratara de
romperme todos los huesos. Le encantan los abrazos y estos jamás serán lo suficientemente fuertes. A esto hay que sumarle que cuando está emocionado y corre a saludar a alguien lo embiste con una fuerza... yo veo un gran potencial como jugador de rugby.

Otra de mis favoritas es esta de de los pantalones. Conozco varias personas así. A muchos con disfunción de integración sensorial la ropa les incomoda y les incomoda demasiado. Sienten que los pantalones los oprimen, los atrapan. Esto sobre todo, las mujeres. Será porque nuestros pantalones siempre son más apretados.

Sin ir muy lejos, mi sobrina que no tiene ni tres años, no tolera los zapatos, se los quita todo el tiempo. Se quita las medias en el verano y el invierno y si por ella fuera andaría sin pantalón todo el día. En el caso de mi hijo lo que lo desespera son las medias.




Por otro lado, están los fuegos artificiales que no solo son el terror de los perros, sino también son el terror de la gente con SPD (por sus siglas en inglés: Sensory Processing Disorder). No hay sonido que los estrese, los abrume y confunda más que ese. Estas vacaciones viajamos a Disney y estuvimos en Magic Kingdom para el último show de los fuegos artificiales... gracias a la terapia ocupacional que mi hijo realiza religiosamente dos veces por semana desde hace un año que superó los fuegos artificiales sin mayores percances. Pero, un año atrás eso hubiera sido imposible.




Disfunción Integración Sensorial Sistema Vestibular
Y por último, otra de mis favoritas. Esta imagen dice mucho sobre el sistema vestibular y la forma en la que las personas con SPD procesan los estímulos sensoriales. Yo me imagino que esto debe ser algo como estar en el cielo.



Y claro, faltan muchas, muchas más que no están acá ni en el post oficial (acá). Porque cada persona es un mundo y cada persona con SPD es un mundo más intricado aún. Pero, por ahí hay alguien que se anima a hacer algunas más y compartirlas con todos.





lunes, 2 de noviembre de 2015

Halloween con espíritus sensibles

Mis hijos y yo celebramos Halloween varios días. Tuvimos: cumpleaños, fiestas del colegio, nido, academias de deporte y hasta en la oficina de la abuela. Todas estas celebraciones antes del día central. Como imaginarán la ingesta de golosinas fue astronómica estos últimos días. Pero, no sólo eso, si no también fue astronómico el incremento de malas noches, pesadillas y miedos.

No me di cuenta de lo que estaba pasando hasta 4 días antes de Halloween, o sea hasta el 27 de octubre, que fue el día de la celebración de la fiesta en la oficina de papá. Llegamos muy puntuales y animosos. Debo reconocer que el evento no defraudó. ¡Qué tal producción! No tenía nada que envidiar a Hollywood: fantasmas, calaveras, zombies, zombies-calaveras, zombies-novias, piratas y brujas espectaculares. Yo estaba fascinada, es más, en un momento pensé que la fiesta era para mí, y es que no paraba de sorprenderme.

Estaba feliz hasta que quise entrar a la oficina de “Guazón” (el malo de batman). El disfraz era de lejos el más realista, pero mi hijo no me dejó avanzar. “¿Qué pasa?” Pregunto: “No, mami. Ahí mejor, no. Mejor vayamos a la oficina de papá”. “¿Qué? ¡Pero si acabamos de llegar!” Todavía insisto -bien necia yo – cuando entonces, bajo la vista y veo a mi hijito mayor con una carita… además, comienzo a notar que las manos le sudan y sudan, lo cual solo pasa cuando está ultra nervioso. Volteo y veo a mi hijita la segunda (ahora ya de 4 años) tapándose la carita y mi bebé, que se escondía en las piernas de su nana.  

Por supuesto, caí en cuenta que mis hijos se morían de miedo. Sobre todo los dos mayores y  sobre todo el mayor. No se preocupen dije, es solo un disfraz, sólo un disfraz. Y el chico – que no sabía dónde meterse - se esforzó en hablar suavecito y ofrecerles dulces que ninguno de mis hijos aceptó. Seguimos avanzando, todavía nos faltaba un largo camino hasta la oficina de papá. Felizmente nos encontramos con súper héroes y algunas princesas. Pero, también con una Maléfica tan bien hecha que ninguno de los 3 quiso recibir dulces. Mis hijos no aceptaron dulces de: Maléfica, la madrastra de Blanca Nieves, el Guazón, un Furia (de Intensamente) muy bien disfrazado y la más chiquitita tampoco quiso aceptar de un pirata con pata de palo y de Darth Vader.

Durante todo el recorrido de dulces en la oficina de mi esposo me la pasé repitiendo como un loro que los personajes que veíamos eran falsos, que eran amigos de papá disfrazados, que la decoración era para “dejar volar nuestra imaginación”. Terminé con un dolor de garganta horrible y con otro dolor de espalda terrible porque tuve que cargar los 17 kilazos de mi bebé por todo el lugar, y cuando ya finalmente ella aceptó irse con la nana, ¡zaz! La segunda con sus casi 21 kilos encima de mí.

A pesar de mis esfuerzos por calmarlos, esa noche no dormimos (sí, nuevamente me incluyo acá) tranquilos. La menor se levantó gritando por una pesadilla antes de las 10:00 de la noche. Durmió sobresaltada todo el resto de la noche (lo sé porque dormí a su lado). Los grandes se pasaron a mi cama antes de las 11:00 p.m. (usualmente se pasan en la madrugada) y querían dormir dándole la mano a papá. Dormimos los 5 bien apretaditos (gracias a Dios por las camas King).

Después de ese día me quedó claro que mis hijos eran espíritus sensibles y altamente impresionables. Racioné las salidas Hallowinescas, prohibí los dibujos animados del tema y los acompañé yo misma a todos sus eventos que felizmente eran bien amigables. Por suerte, mis estrategias dieron resultado y la noche del 31 todos soñamos con los angelitos.

martes, 27 de octubre de 2015

De los terribles 2 a los horribles 3

Recuerdo que cuando escribí sobre los terribles 2 de mi hija (Nina y los terrible 2; ¿Cuánto duran los terrible 2?) recibí varios tipos de comentarios y mensajes; algunos eran de mamás recomendándome libros y/o técnicas, otros eran de mamás compartiendo sus propias experiencias y dándome apoyo moral. Pero, hubo otras mamás – las menos a decir verdad – que me advirtieron de una época más nefasta aún: Los horribles 3. Recuerdo uno que decía así: “y espérate a que cumpla 3, que la cosa se pone peor”. Alarmistas pensé. Yo ya superé los 3 años con mi hijo con espíritu y definitivamente, nada puede ser peor que los terribles 2 de la segunda.

Pues estaba equivocada, muy equivocada. Sí hay algo que puede ser peor que los terribles 2 definitivamente son los horribles 3. Si pensé que mi hija me desafiaba a los 2, ahora a los 3 (casi para cumplir 4) me reta descaradamente  y se zurra en mí olímpicamente. No me hace caso, me ignora, quiere hacer lo que se le da la gana y encima esta etapa le ha venido con un ataque de celos fortísimo hacia su hermana menor, con lo que – para rematarla – cuando puede le mete su chiquita a su hermana.
Estoy haciendo todo lo posible por manejar esta etapa (sé que es solo una etapa) de la mejor manera posible: tengo momentos madre – hija (solas ella y yo) a diario (sí lo juro), me armo de paciencia y firmeza, los límites están claros e incluso le escribí una carta abierta a la súper niñera (vercarta acá). Pero, me parece que me he estancado. Mi hija cumple 4 en menos de 1 mes, y cómo ya lo puse en varios posts, tenemos épocas buenas y otras muy malas y siempre termino escribiendo de eso.

He repasado todo lo que he escrito y es un montón. Estoy pensando que el tema de raíz no es su edad, si no son sus celos y su necesidad de atención. Tiene demasiados celos de la hermana y del hermano. Quizá su posición de sándwich le haga la vida más complicada. No lo sé, espero que no. No sé cómo hacerle entender que la adoro con toda mi alma, que la quiero igual que a sus hermanos. Que si le hago más cosas a su hermanita menor es porque ella es menos independiente aún y me necesita más.

Aunque pensándolo bien, quizá ella me necesita más. Quizá sea eso. En menos de 1 mes cumple 4 y esto tiene que mejorar.  Voy a trabajar en eso.

lunes, 26 de octubre de 2015

Mamá Bloguera Peruana Milagros Saenz en Oh Diosas

Entrevista a la mámá bloguera peruana Milagros Sáenz González del blog Neuro Mamá en el programa Oh Diosas de Plus TV. El tema a tratar fue: Las Tareas de mis hijos.

La entrevista se llevó a cabo 20.10.2015

martes, 20 de octubre de 2015

Mamá Bloguera Peruana Milagros Sáenz - Blog NeuroMamá En: "Sobre El Tapete" Capital TV


Entrevista a Mamá Bloguera Peruana Milagros Sáenz González del Blog NeuroMamá. Neuro Mamá Blog del Perú en el programa "Sobre el Tapete" con Carolina Sifuentes de Capital TV.

El tema fue: Tipos y estilos de crianza


5 maneras de prevenir el abuso sexual infantil

Leer, hablar,  investigar y escribir sobre el abuso sexual infantil me genera un absoluto rechazo. Me dan nauseas, mareos… Todo mi cuerpo rechaza este tema profundamente. Honestamente, muchas veces prefiero no saber. Prefiero enterrar la cabeza y fingir que esas cosas no pasan. Pero, pasan. Y son mucho más comunes de lo que imaginamos y lo que (quisiéramos) creer.

Basta con prender la radio, la televisión o la computadora y escuchar, ver o leer las noticias. Lamentablemente, el abuso sexual infantil es más frecuente de lo que todos quisiéramos admitir. Hoy es una conocida e influyente congregación religiosa (Sodalicio de Vida Cristiana) la que es acusada de "tapar" estos vejámenes, ayer fue un miembro de la familia de la víctima  y quizá mañana, sea un profesor o profesora de la escuela. No puedo taparme los ojos, los oídos y pretender que nada pasa. No puedo y no debo, porque la mejor manera de evitar el abuso sexual infantil es la PREVENCIÓN.

sad child
Imagen: Child Abuse Prevention Center http://mccapc.com/
Dada mi naturaleza investigadora y neurótica, a raíz de las últimas noticias decidí que debía informarme e investigar sobre el abuso sexual infantil y adolescente y la mejor manera de evitarlo. Me preocupa mucho la integridad física y emocional de mis hijos y no quisiera que ellos fueran víctimas de ningún tipo de abuso y tampoco quisiera que pasaran por situaciones que los incomoden. Para esto busqué en diversas instituciones dedicadas a la prevención y apoyo de abuso y maltrato infantil, y sobre esta base he generado mi propia lista que aquí comparto.

Para empezar la mejor manera de frenar el abuso sexual es la prevención. Así, que todos estos tips son para eso, para evitar que suceda.
1.     Infórmate, conoce los hechos y entiende los riesgos. De acuerdo con la organización sin fines de lucro Kid’s First (www.kidsfirstinc.org), debe ser la realidad, no la confianza (en las personas, instituciones o similares), la guía para la toma de decisiones en cuanto a tus hij@s.  Conoce estas cifras pues, te pueden ayudar a tomar decisiones acertadas:
a.       1 de cada 4 niños y 1 de cada 6 niñas serán abusados sexualmente antes de su mayoría de edad. Haz las matemáticas cada vez que entres a un sitio lleno de niños. Triste, pero real.
b.      Solo 1 de cada 10 niños denuncia el abuso.
c.       1/3 de los abusados son menores de 8 años.  
d.      La edad promedio de las víctimas de abuso sexual infantil es 9 años
e.      Más de la mitad (59%) de los actos son perpetrados por personas de confianza de la familia. El modus operandi de estos depredadores, consiste en ganarse primero la confianza de los cuidadores principales de los niños.

2.       Reduce los riesgos: Minimiza situaciones de peligro. El abuso infantil ocurre cuando un adulto está a solas con el niño.

3.       Comunicación y educación: mantén una comunicación fluida y honesta con tus hijos. Edúcalos, enséñales sobre sus partes íntimas y cómo cuidarlas y protegerlas. NADIE, absolutamente NADIE, debe tocarles ni mirarles sus partes íntimas. Tampoco ellos deben ver ni tocar las partes íntimas de otros. Al recibir la información adecuada según su edad, los niños podrán identificar a un potencial abusador y poder protegerse.


4.       Mantente alerta: No esperes señales obvias, es necesario saber identificarlas. De acuerdo con el portal bebesymas.com hay que estar atentos a señales físicas como: irritación, inflamación o sarpullido en los genitales, infecciones de vías urinarias, etc. y otros problemas como dolor abdominal o de cabeza fruto de la ansiedad. De manera más habitual surgen problemas emocionales o del comportamiento tales como: retraimiento o depresión, exceso de autoexigencia, rabia y rebeldía inexplicables, etc.
Un comportamiento y lenguaje abiertamente sexual y atípico para la edad pueden ser también signos de alarma.

5.       Ten un plan: en caso tu hij@ o algún otro niño te cuente que es víctima de abuso, NO sobre reacciones. Tómatelo con calma y acude a un médico especialista para que lo examine.

NOTA: la mayoría de los casos denunciados por niños son verdaderos
 


Fuentes:
Children's Advocacy Center: http://www.childrensadvocacycenter.org/
Kid's First Org: kidsfirstinc.org
EPS Sura: http://www.epssura.com/
Unicef Perú: unicef.org/peru
OIT: ww.oit.org

martes, 29 de septiembre de 2015

No por mucho madrugar...


Recordé esta frase hace unos días atrás cuando entré a recoger a mi hija la segunda al nido (no, no fue porque llegué a recogerla tarde). Fue porque en el nido de mi hija es costumbre colgar los trabajos de los niños en la pared de ingreso, así uno puede apreciar los trabajitos mientras ingresa.  Ese día me detuve para mirar los nuevos trabajos del salón de mi hija y vi que un par de niños ya escribían su nombre. Me puse un poco nerviosa. Mi ser ultra-competitivo saltó: “no puede ser que estos niños –uno de los cuales todavía no se despega de su mamá y llora todo el día - puedan escribir su nombre y mi hija, no. ¿Qué está pasando?”

Lo cierto es que no tengo ni idea si mi hija conoce las letras del alfabeto y menos aún si conoce las letras que están en su nombre. Hasta hace unos días ella no tenía ni idea de cuantos años cumplía. Con ella sí que me estoy relajando, pero la verdad que la veo tan bien y en sus reportes en el nido siempre me felicitan así que porque exigirle innecesariamente, ¿no? Igual me neuroticé un poco (es mi naturaleza): ¿Quizá debería empezar a estimularla con las letras para que se familiarice con ellas y la rompa el próximo año que va a pre-kínder?


Entonces recordé un episodio muy similar que me ocurrió con mi hijo hace un par de años atrás. La misma escena: llego a recogerlo y veo los trabajos de todo el salón colgados en la pared. Veo que una niña (bien insoportable esa niña también, no fallaba en nada) había escrito su nombre en su trabajo. Esa vez sí me preocupé un poco más y me puse manos a la obra: decidí ensañarle a mi hijo a escribir su nombre. Resultó ser misión imposible. Le interesaba un pepino y cada vez que intentaba sentarlo para enseñarle alguno de los dos terminaba frustrado. Respire hondo y decidí dejar mis neurosis y ultra competitividad para mis cosas.

Terminó el nido, los niños se fueron al colegio y en el colegio ya les empezaron a enseñar las letras y lectura en serio. En el colegio le iba muy bien, él estaba motivado y aprendía al ritmo esperado. Aprendió a escribir su nombre y su apellido. Terminó pre-kínder sin que yo tuviera que darle ningún refuerzo ni motivación extra. Entró a kínder y aprendió leer y a escribir. Incluso hace poco me enteré que está en la mesa de los lectores avanzados.


Me encontré con la mamá de la niña en cuestión (la que sabía escribir su nombre en el nido). Me contó que ella también lee y lo hace bien. Sin embargo, no está en la mesa de los lectores avanzados de su salón. Me di cuenta que es cierto, que cada niño tiene su ritmo y su momento. Quizá si hubiera presionado a mi hijo para que aprenda a escribir su nombre, quizá si hubiera forzado su interés por las letras y la lectura ahora él no estaría tan motivado ni hubiera aprendido tan bien y tan rápido.  Así, que con la lección aprendida no le voy a comentar nada a mi hija la segunda, no voy a hacer nada ni me voy a preocupar un poquito. Sólo recordaré esta frase, que cae perfecto con esta anécdota: no por mucho madrugar, se amanece más temprano.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Estas mamás son valientes: ¡educan!

No sé por qué, pero al parecer es siempre más fácil – o más usual – estar más pendientes de lo negativo que de lo positivo. Es más común dar feedback negativo, quejarse o reclamar que dar un feedback positivo, felicitar y/o agradecer. No es por mala onda, pero uno tiende a señalar más las “oportunidades de mejora” que lo que está funcionando o haciéndose bien. Esto es así en los empleos, en los servicios, con los productos que compramos y también en la maternidad.

Tendemos a notar y compartir más las cosas que las otras madres hacen mal. Tendemos a notar (y algunas también a compartir) las cosas que  nosotras mismas hacemos mal. Pero, por lo general no compartimos ni notamos las cosas que se hacen bien.

Por otro lado, siempre es lindo cuando recibimos un comentario positivo y/o una felicitación por el trabajo que estamos haciendo. Y eso es precisamente lo que quiero hacer. Quiero compartir y hacer notar el trabajo (porque es un trabajo) de un par de mamás que – en mi opinión - lo están haciendo muy bien. En mi opinión, la “están rompiendo” en su maternidad. Aunque quizá ellas no se estén dando cuenta.

Ahora ¿por qué es que me parece que estas mamás la están rompiendo tanto? Precisamente porque no tienen flojera, ni pena, ni vergüenza de educar a sus hijos. Nada de eso. Están comprometidas con la lección que quieren enseñar. Si es necesario, ellas se privaran de pasarla bien para poder darles una buena lección a sus hijos.


A una de ellas la conozco desde hace poco. Cuando la conocí me cayó muy bien. Salimos varias veces en citas “madres-hijos” y una de las veces que salimos con un grupo grande - debo comentar acá que su hij@ estaba con serios problemas de conducta en el colegio - un niño se acercó llorando porque le habían pegado. ¿Ya saben quién fue, no? Ella no dudo ni un instante. Agarró a su hijo, se disculpó con todas y se fue. Recuerdo claramente que dijo: “tiene que aprender que sus actos traen consecuencias. Y pegar no está bien” Los niños la estaban pasando genial y nosotras también. A pesar, que varias le decían que se quede, a pesar que nosotras todavía no habíamos almorzado, a pesar, que la fiesta recién empezaba. Ella se fue. Su firmeza y asertividad me parecieron dignas de admiración. Más aún en estas épocas en que muchas mamás tienen miedo a educar. Leer: No tengas miedo a educar por favor. 

Esa fue la primera vez que vi a alguien hacer algo así. Pero, no la última. Está mamá es incansable. No importa si son las 7:00 a.m. en la puerta del colegio o las 8:00 p.m después de una fiesta. Ella corregirá a sus hijos.

Igual que la segunda mamá a la que quiero reconocer. A ella la conozco de toda la vida. Conozco sus luchas internas por dominar su propio carácter, y veo cómo es que logra controlar sus demonios internos y saca lo mejor de sí para atender a sus hijos. Sus hijos son más pequeños, pero no por ello el trabajo es más fácil. Todo lo contrario creo que yo. En ella, yo admiro también su firmeza (¿será que a mí me falta?) Cuando dice no, es no. Y no hay pataleta que la haga cambiar de opinión. Ella jamás tiene flojera. No tiene flojera de bañar, cambiar y dar de comer a sus hij@s. Cuando yo estoy muerta y me hago la de la vista gorda. Ella no. Ella está atenta y sigue pendiente. Y por eso la admiro. 

Estas mamás son valientes. Son valientes porque no les importa que en ese momento sus hijos las odien. Son valientes porque no les importa el que dirán. Son valientes porque no les importa privarse de su propia diversión. Y por eso las felicito. No me cabe duda que cuando crezcan estos niñ@s serán adultos de primera. Sé que no siempre una escucha halagos sobre su rol de madre, pero uds. chicas (aunque no sé si me lean) lo están haciendo muy bien. Sigan así, sus hij@s y el mundo  se lo agradecerán.   

martes, 11 de agosto de 2015

Si tu bebé no duerme, es tu culpa

O, Porqué el método de Ferber es mucho mejor de lo que piensas
A continuación reproduzco una carta que me envió mi hermana hace unos días a propósito del tan de moda “colecho”. En la mayoría de blogs y revistas de maternidad las madres y especialistas abogan por el colecho y alientan el dormir todos juntos en la misma cama. De igual manera se oponen drásticamente al popular método del Dr. Ferber. A continuación, una carta de una mamá que se opone al colecho y está a favor “del método”. Muy interesante.

Querida NeuroMamá,
A ver si lo publicas por favor. Desde que soy mamá y tengo amigas y conocidas mamás he notado que existen posturas bien extremas en lo que se refiere al sueño de los bebés. Veo constantemente posts en facebook que hablan de lo normal que es que el niño duerma mal y posts que incentivan enormemente el colecho. Yo tengo una postura completamente diferente a las mamás colecheras y a la tuya NeuroMamá por eso me animo a escribir. Porque estoy segura que no soy la única con una posición diferente.
Antes que nada tengo que empezar por contar que di a luz a mi primera hija en São Paulo, no tengo familia ahí, por lo que estuvimos mi esposo y yo solos. Mi mamá me visitó el primer mes y luego mis hermanas. Tuve compañía los 2 primeros meses. Fuera de mis visitas no tenía nana ni empleada, Una chica iba a limpiar 4 veces por semana de 7 a 3pm y esa era toda la ayuda que recibía. A mi hija la cuidamos mi esposo y yo. Yo full time porque no trabajaba. Cuando ella tenía 6 meses volví a Lima, y me di cuenta de muchas particularidades de las peruanas (y me excluyo porque en cuanto a la maternidad mi pensamiento se aleja bastante).

En São Paulo cuando lleve a mi hija a su primer control la primera pregunta del pediatra fue como estaba yo: cómo me sentía yo, cómo dormía yo, cómo comía yo, cómo iba al baño yo; sho, moi, myself, NO la bebe. Es que en Brasil el cuidado a la mamá es importantísimo. Y la verdad que yo estaba pésima. Fiel a la escuela de mi madre estaba 100% dedicada a mi hija. No sólo no me cuidaba, sino me descuidaba, algunas veces, no me bañaba, no me quitaba el pijama y me saltaba comidas. Además dormía con la bebe en el cuarto por lo que dormía poco o nada. El doctor ¡me regañó! me explicó que primero que nada debo de cuidarme: si los que cuidan al bebe no están bien, física y emocionalmente no hay como atenderlo bien, y regañó a mi marido de paso. Luego me hizo una pregunta que recuerdo hasta ahora "¿por que a las peruanas les encanta dormir con sus bebes?". ¿¿Qué??? ¿No son todas las madres del planeta las que duermen con el bebe en el cuarto? Bueno pues, descubrí que no es así. Es algo más bien cultural (y muy propio de las peruanas).

Verán, existen diferentes costumbres en diferentes culturas, y en Brasil se busca dar al niño la mayor independencia posible, inclusive existe una frase que las mamás usan con mucha frecuencia "que se vire sozinho", es decir, que se las ingenie solo. La mamá no duerme con el bebe ni usa monitor, duerme en el cuarto de al lado. Lo que sucede es que el bebe aún no diferencia el día de la noche y puede estar despierto o hacer popo a las 4 am y eso NO significa que necesite a la mamá. Él puede estar solito, feliz y campante, haciendo ruidos o moviéndose tranquilo. Pero, si duerme en tu cuarto, tú escuchas TODO y no puedes dormir lo suficiente. Además cuando un bebe llora, sea día o noche, te dicen que le des un chance de calmarse solo, eso no quiere decir que se pone a llorar y te vayas a la calle, sino que si estas en el baño y empieza a llorar no tienes que tirar todo  y correr a cargarlo, puedes hacerlo con calma, nada le va a pasar (asumiendo que está en un lugar seguro).

Para mí que el niño aprenda a dormir independientemente es un regalo para él. Que mi hijo pueda cerrar sus ojitos y dormirse, que no necesite que lo paseen, que no tengan que mecerlo, que no necesite dormirse con mi teta, que no necesite que esté a su lado para que pueda dormir tranquilo, es para él. Eso no significa que lo quiera menos que los colecheras. Desde mi punto de vista significa que lo quiero aún más, tanto que no quiero que me necesite, tanto como para sacrificarme entrenándolo. En el caso de un bebe que se despierta durante la noche una o dos veces, o a veces más, ¿No sería maravilloso que se despierte voltee su cabecita, cierre sus ojos y se entregue al sueño sin llorar, sin necesitar teta o sin necesitar paseos? ¿No sería genial, que no se levante desesperado buscando un aliciente externo para calmarse, porque se muere de sueño y no puede dormir? Te necesita dirán algunas, quiere cariño dirán otras. Sí, claro TE necesita porque lo has acostumbrado a que te necesite. Y si no le enseñas y si no lo AYUDAS quizá le tome un par de años aprenderlo por su cuenta, o peor aún, tendrá problemas de sueño toda su vida.

Contrario a lo que dicen algunas “expertas” partidarias acérrimas del colecho y “haters” del método Ferber (sin si quiera haberlo leído completo) y que además, no han estudiado ni medicina, ni enfermería, ni nada sobre el funcionamiento del cerebro humano, sí es posible que el bebe duerma solo, y que duerma de corrido, es decir, que si se levanta, se duerma nuevamente sin ayuda. Mis hijos lo hacen, la mayor desde los 4 meses y el segundo desde los 6.5 meses.

No hay mayor ciencia en esto, es simplemente hacerles una rutina, y dar un mensaje constante: duerme solo. No es un día duermes conmigo, otro día yo en tu cama, un día te paseo, otro te doy teta. Hay que ser consistentes, dar un mensaje único frente a la misma situación. Por ejemplo, en mi casa está prohibido comer viendo televisión y la regla es siempre así. Pero, un día mi hija viene cruzada y estoy muerta y la dejo comer viendo televisión, otro día también la dejo porque tengo visita y no quiero que interrumpa. ¿Qué mensaje le estoy mandando? ¿Tendrá clara la regla de no comer con TV?

Finalmente, solo quiero decirles a todas las mamás que satanizan al pobre Dr. Ferber que lean el libro antes de criticar. Léanlo TODO. Yo personalmente no soy fan de su método, encuentro que hay otros mejores. Pero su teoría me parece fascinante. Y les digo que cuando un bebe/niño ya está con una mala costumbre para dormir, cambiarle el hábito no es un camino fácil. Hay otros autores que dan métodos mejores, donde el bebe no se queda llorando solo. Pero es casi imposible lograr un cambio con los niños sin que haya llanto de por medio (recuerden que todavía no saben hablar). Si les hace algo de sentido lo que digo, les pido que lean el libro Duérmete Niño (de Richard Ferber), y mi libro favorito: Guía Práctica para tener bebes tranquilos y felices de Tracy Hogg. Y las dejo con una frase que leí en otro libro: “la gente hoy en día estudia lee y se prepara para el trabajo, pero no lo hacen para el trabajo más importante de su vida que es el ser padres”. Y es verdad, el instinto materno es muy fuerte, pero no es suficiente, hay que leer e informarse, ver opciones, educarse.


jueves, 6 de agosto de 2015

Mi experiencia con la lactancia parte 1

En el marco de la semana mundial de la lactancia materna, creo que se hace necesario que todas las madres - que queramos y podamos -  compartamos nuestra experiencia al respecto.  Principalmente con el propósito de desmitificar muchos de los mitos (valga la redundancia) que se tejen alrededor de la misma; mitos que por un lado, idealizan y poetizan el proceso de la lactancia demasiado o por otro, mitos que generan miedos y resistencias innecesarios en las madres.  

Considero importante que como mujeres, más aún como mujeres que ya hemos pasado por esta experiencia, compartamos sin prejuicios ni temores nuestras prácticas dando de lactar. Esto con el propósito de compartir experiencias y observar distintas historias de vida y encuentros con la lactancia.

Empezaré contando mi experiencia con mi hijo mayor, y luego haré dos entregas más compartiendo mis experiencias con mis otras hijas. Un poco por temas de espacio y otro poco porque con cada hijo la historia de la lactancia es distinta y cada uno, te coge a ti en un momento distinto y con una actitud distinta.

Como primeriza me moría de miedo de dar de lactar (en verdad, como primeriza todo me daba miedo), pero había internalizado (y muy bien) que la lactancia materna exclusiva era lo mejor para mi hijo no sólo en términos nutricionales, sino también en términos pisco-afectivos. Así, que estaba decidida a todo por lograrlo e hice mi mejor esfuerzo.Vaya que fue un esfuerzo, sobre todo los primeros días. Los expertos te sugieren que des de lactar en la primera hora después del parto, siendo yo cesárea esto fue imposible. Estaba tan adolorida y con tanta droga encima, que no me importó. Pero, apenas llegué a mi habitación lo primero que quise es que me trajeran a mi bebé y darle de lactar.

Y mi bebé llegó; grande (4 kgs.) chino, gordo y muerto de hambre. Yo estaba cansada y maltrecha pero igual me puse manos (digo, tetas) a la obra. Él succionó y succionó y algo salió, pero creo que no mucho porque a la hora ya tenía hambre. Los primeros días la leche que me bajaba no era suficiente. Él quería más comida de la que yo podía darle. Felizmente, en esos primeros días me acompañó una enfermera que me recomendaron en la clínica donde nació. Ella me dio calma y seguridad: “Tranquila señora, la leche se demora en bajar, más aún para las primerizas. Algunas demoran hasta 10 días”. Así, que con sus palabras de aliento y la ayuda de una lata de fórmula para rellenar las tomas en las que mi hijo se quedaba con hambre continúe.
Mi bebé y yo, luego de una toma

Me alegro de no haber escuchado a ninguno de esos gurús de la lactancia exclusiva que te obligan a no darle ni una pizca de fórmula. Eso sólo me hubiera dado estrés y probablemente hubiera afectado mi producción. Tener a mi bebé satisfecho me dio la tranquilidad para seguir intentándolo. El pediatra me apoyó: “lo que funciona para la mamá, funciona para el niño”. A los 7 días yo ya producía suficiente leche para satisfacer a mi bebé, y al mes era una vaca lechera. El resto de la lata de fórmula la guardé por si acaso. Tenía un efecto tranquilizador en mí: si no había leche en mi teta, mi hijo no moriría de hambre. Nunca más la volví a usar.

En los primeros días además del miedo y la falta de leche tuve que lidiar con el dolor de mis pezones desgarrados. Salí de la clínica con los pezones destrozados. Usé unos protectores de silicona junto con unas cremas, y me aliviaron bastante. Luego, con la ayuda de esta enfermera (gracias Dios por mandármela) aprendí a colocar a mi bebé en la posición correcta. Después todo fluyó y el proceso se hizo mucho más fácil.

Mentiría si les dijera que a partir de ese momento todo fue maravilloso porque no lo fue. Dar de lactar es AGOTADOR y ESCLAVISANTE. En un momento, sentía que pasaba más tiempo con la teta al aire que dentro de mi ropa. Además, las primeras semanas sin horario y sin encontrar el ritmo adecuado la cosa es bien complicada. Eres esclava del hambre de un niño. Para mí fue muy duro pasar de ser una mujer independiente con una agenda propia a ser la proveedora de alimento de un recién nacido 24/7. Quise tirar la toalla varias veces. Lo único que me sostenía eran pensamientos tipo: “Ok. Ya vamos 2 semanas puedo hacerla 1 mes. Ok, voy un mes, llegamos a las 10 semanas y ya se la puedo cortar.” “Ok. Vamos 10 semanas, creo que ya puedo darle 3 meses. Sí, 3 meses es lo mínimo indispensable y se la corto. Total, en mi generación ya nos daban de comer a esa edad”.

Y así, iba pasando el tiempo y cada vez se volvía más fácil. En los controles mensuales el pediatra me preguntaba cuántas onzas tomaba. Yo no tenía ni idea. De nuevo me alegro tanto de no haber estado tan pendiente de las recomendaciones de los expertos donde te dicen el número de onzas que el niño DEBE tomar. Ahora, veo a varias amigas que desesperadas se sacan leche desde el primer día para ver cuánto producen y cuánto está tomando su hijo en cada toma, generándose – en mi opinión – un estrés innecesario. Cómo mi bebé crecía a un buen ritmo, el pediatra no me insistía por medidas exactas.

Una vez pasados los 3 meses y con mi hijo durmiendo 7 horas corridas en la noche, la vida se volvió rosa de nuevo. Acá, realmente sentí un cambio. Además, mi hijo el tragón tomaba su leche en 5 minutos. Vaciaba una teta en 5 minutos, y luego atacaba la otra en 5 minutos. En 10 ya estábamos listos para continuar con nuestra vida y la siguiente toma tocaba luego de 4 horas. ¡Ah! Volví a vivir la vida. Nos volvimos los más callejeros del barrio.

Como era un cerdo tragón, el pediatra decidió que para ayudarme a jalar más tiempo con la lactancia introducirle la comida a los 4 meses. Sí, 4 meses. Intenté un par de semanas, y no nos fue bien. Así, que retomamos los sólidos a los 5 meses. Acá, me cayeron muchas críticas de amigas nutricionistas y de otras mamás talibanas de la lactancia. No les hice caso. ¿Acaso alguna de ellas amamantaba exclusivamente a un bebé del 97 percentil? No tenían ni idea de lo que era eso.  A los 6 meses yo me sacaba 14 onzas de leche de una teta, de ¡una sola! Cuando dejaba a mi hijo con alguien no podían creer que se tomará dos biberones de los grandazos llenos.  Un promedio de 18 onzas por toma, y en las noches… más de 20.

Así, entre altos y bajos. Entre tomas aburridas y tomas divertidas llegamos a los 8 meses. A estas alturas yo ya era una experta. Le daba de lactar con una mano y con la otra miraba la compu, comía o hasta escribía. Mi hijo ya comía y cada vez me mordía más fuerte. Ya no quería hacer la chamba de succionar, lloraba por su biberón, lloraba por su papilla. Y un buen día de la nada, no quiso tomar teta. Lloró, me mordió y no se calmó hasta que tuvo su biberón. Con un poco de pena y algo de alivió decidí terminarlo ahí. Habían pasado 8 meses y 2 días de lactancia exclusiva.

Pensé que a él le iba a chocar horrible, que iba a reclamar la teta pero no fue así. Él siguió con su rutina de toda la vida como si nada. Al final cortarle la leche me dolió más a mí. Pero, no se preocupen me recuperé rápido de este vacío emocional: mi cuerpo volvió a ser mío y sólo mío.
Mirando hacia atrás no puedo creer que haya durado tanto. Yo que pensé que no iba a llegar al mes. 

Ahora mi hijo cumple 6 años y es grandazo. Me gustaría decir que es menos enfermizo que el promedio pero no es así. Se enferma igual o hasta más. Sufre de rinitis alérgica. También dicen que los niños alimentados exclusivamente con leche materna son más inteligentes. Ojalá. Tenemos un vínculo excelente y una cercanía sincera. ¿Gracias a la lactancia? No lo sé. De todos modos ésta fue una experiencia que me enriqueció mucho y que en las mismas circunstancias la repetiría. Claro, que ahora en estos momentos de mi vida… lo dudo mucho. Pero, ¿quién sabe? Quizá haya una mártir dentro de mí. 

martes, 21 de julio de 2015

Toda comparación es odiosa

Eso siempre me decía mi mamá cuando yo de pequeña me comparaba con alguien. Lamentablemente, es imposible para mí no hacerlo. Ya sea para bien o para mal uno tiende a comparar. Y con el tema de los hijos no es diferente. Aunque cada vez menos, siempre tiendo a ver en qué anda el resto de los niños de la misma edad: si ya aprendieron a hablar, a caminar, a gatear, a leer, etc. En mi caso, yo no me comparo para alardear (aunque secretamente me siento muy bien cuando mis hijos están más avanzados) si no, lo hago básicamente para preocuparme.

Para preocuparme si es que no están hablando, pintando, cortando o lo que sea a un nivel promedio o promedio superior de acuerdo a su rango de edad. Es básicamente por eso que lo hago. Mi personalidad neurótica no me permite un minuto de paz y siempre me tengo que preocupar por algo, así que, qué mejor que preocuparme porque alguno de mis hijos está un poquito más atrasado que el resto en algún área.

Y, por supuesto, tampoco puedo evitar comparar a mis hijos entre ellos. No los comparo entre ellos en voz alta para hacerles notar cuál es más bueno o se porta mejor y echárselos en cara apelando a su sentimiento de culpa y así lograr que me obedezcan más rápido. No, no estoy tan loca. Lo hago, como ya lo dije líneas arriba,  para ver si hay alguna oportunidad de mejora y algo por lo que estresarme.  

Mis comparaciones mentales entre ellos me han hecho detectar tempranamente varios temas que de no haber sido tratados a tiempo, podrían haber devenido en problemas serios. Sin embargo, creo que quizá con esto de la comparación el dicho tiene la razón. No soporto que me estén preguntando por el desempeño de mis hijos y nuestros planes de vacaciones sólo por el hecho de comparar y/o competir. Soy yo quien más se queja por las ultra competitivas madres y no quiero convertirme en una de ellas, o lo peor, ¿quizá ya lo soy y todavía no me he dado cuenta? ¿Quizá soy yo esa insoportable madre número 1 en el post "8 tipos de mamàs con los que no te quieres encontrar"?


Dios me guarde. Es por eso que escribo este post. Un poco para decir que mi mamá tenía razón (es que las mamás no nos equivocamos), y otro poco para corroborar el dicho: toda comparación es odiosa. Cierto, no sólo es horrible andar comparando, sino que también te vuelve una persona horrible. Cada individuo es único y las diferencias en los tiempos, momentos, desarrollo y aptitudes es lo que nos vuelve únicos e inimitables. Así que se terminó, dejaré de lado mis neurosis y adiós comparaciones… Tendré que buscar otras cosas para estresarme.

martes, 14 de julio de 2015

¡No a las actuaciones!

Si, ya sé. En esta ocasión estoy sola en mi lucha. A la mayoría de padres les encantan las actuaciones, les encanta ver a sus retoños disfrazados, parados en un escenario cantando y/o bailando. Soy minoría y lo sé. Pero, eso no es impedimento para que me queje o escriba al respecto. Además, estoy segura que por ahí hay algunos cuyos hijos odian actuar, lloran cada vez que tiene que salir al escenario y que ellos – como padres – detestan estas actuaciones más que yo.

Foto propiedad de: http://www.elecodejumilla.es/
En general, no tengo nada en contra de las actuaciones escolares. Aunque, debería ser más clara. No tengo nada en contra de los padres y niños que disfrutan de éstas. Porque, sí tengo algo en contra de las actuaciones cuando éstas son excesivamente largas o cuando visten a mi hijo como un lornón  (alguien tiene que abogar por la dignidad de mi pequeño). Por un lado, me parecen excesivamente intimidantes para niños menores de 6 años y por el otro (debido a que son muchos niños en escena y todos deben actuar) son excesivamente prolongadas causando fastidio en los niños y, sincerémonos,  en sus padres también.

Además, hay otro tema en el que recién he caído en cuenta este año; y es que en las actuaciones siempre habrá protagonistas, secundarios y extras. Y bueno, por supuesto que es genial ver a tu hij@ durante 45 minutos cuando él o ella tiene un papel protagónico o toca algún instrumento, pero cuando es un simple extra que solo está en escena por 3 minutos… seamos honestos, es realmente una tortura ver los otros 40 minutos de show.

Sí, ya sé que esto es excesivamente majadero de mi parte. Pero, ¡compréndanme! por más de 5 años me he sentado en todos las actuaciones habidas y por haber para apenas poder ver algo de mis hijos. Pues, al estar ellos dentro del 95 percentil de crecimiento son los más altos del salón y siempre están en la fila de atrás. Todas mis fotos y grabaciones son de mis hijos a lo lejos, atrás en la última fila y con la cara de algún compañerito más bajito que está delante de ellos tapando todo.  A esto, se une el hecho que a mi hijo mayor le llega altamente tener que actuar, que la segunda – a pesar de ser totalmente dada a las artes histriónicas – es tan alta que está condenada a estar siempre en la última fila, y que la tercera tiene su propia agenda ... y, a veces, esta agenda no incluye los shows. 

Asì veo yo a mi hijo en las actuaciones escolares. ¿alguien lo ve?
Unido a esto, además está que tanto en el colegio como en el nido la inversión en los disfraces es bastante fuerte. Felizmente, es sólo un show por año, pero igual. El precio de los disfraces es exorbitante, sobre todo considerando que sólo lo usan una vez. Sí, claro. Los pueden usar para Halloween. A ver, díganle a mi hijo que se disfrace de un príncipe, de un pastor o de Sportacus para Halloween, creo que primero muere. Lo mismo mi hija, la eterna princesa. Se muere antes de salir a la calle disfrazada de pollo o de un muñeco de nieve.

Es por todo esto y más (como los casos en que los niños sufren pánico escénico y no suben al escenario) que yo le digo NO a las actuaciones escolares. ¡No a las actuaciones gigantescas! No a las actuaciones grandes, eternas y tediosas donde sólo 2 o 3 niños sobresalen y al resto ni se los ve. Sí a las actuaciones pequeñas dentro del salón, con la gente del salón y con disfraces hechos en casa. Donde todos (incluidos los niños) podamos disfrutar del show.

lunes, 15 de junio de 2015

Con chiquitos, no hay chiquitingo

Anoche, después que todos mis hijos cayeron rendidos antes de las 7:30 p.m mi esposo y yo decidimos pasar un momento romántico. Abrimos una botella de vino, sacamos unos piqueítos y nos pusimos a ver una peli (sí, así como hacíamos cuando éramos enamorados). Luego de un rato, empezamos a ponernos románticos y todo iba bien hasta que… pum, pum, pum pasitos y alguien tratando de abrir la puerta (que estaba con llave). Luego, unos llantitos y… no la vimos, ni en la tele.  
Un par de semanas atrás pasó algo peor, la puerta no estaba bien cerrada y cuando mi esposo y yo estábamos súper románticos mi hijo haciendo gala de toda su fuerza y terquedad (pues le gritábamos que se vaya) abrió la puerta. Nuestra fuga fue mejor que la de cualquier película de acción que hayan visto. No sé cómo hice, pero entré debajo de la cama y mi marido se transformó en flash. Mi hijo no sospechó nada (o al menos eso queremos creer). Por supuesto, después de esa entrada mi libido desapareció por varias semanas...

Y si bien estas anécdotas son graciosas y bastante comunes (al menos en mi vida de pareja), hacen mella en ella. Cada vez es más difícil para mí encontrar un largo momento a solas con mi esposo. Un momento en el que no esté muerta, ni estresada, ni tenga ganas de vegetar. Y no me refiero un momento para ponernos románticos con chiquitingo. Si no, simplemente un momento para poder conversar sobre nosotros, sobre lo que pasa en nuestras vidas y recordar los motivos por los que estamos juntos en primer lugar.

Jamás me imaginé que luego de reproducirnos como conejos, y haber sido protagonista de una historia de amor TRIPLE X digna de los mejores estudios hollywoodenses, mi esposo y yo íbamos a vernos forzados (por nuestros propios hijos) a llevar una vida casta, digna de monjes contemplativos de los claustros cistercienses. Y no hay técnica, ni consejo, ni artículo de Cosmopolitan que me digan cómo librarme de la estricta abstinencia en la que me encuentro. No, no es falta de motivación lo juro, aunque confieso que muchas veces me falta energía, pero es más que nada falta de oportunidad…
A couple hugging shirtless banned.

Sí ya sé, tengo que crear las oportunidades. Ser más creativa, sacar fuerzas de la flaqueza, mandarlos más seguido con sus abuelos, agotarlos más durante el día para que se duerman más temprano, escaparnos sólo los dos más seguido, ser más estricta, hacer una campaña más fuerte en contra del colecho. O si no, simplemente resignarme y agradecer a Dios por la oportunidad que me da la vida de purgar todos mis pecados y abrirme camino al cielo practicando devotamente las virtudes de la castidad y la templanza.  ¡Amén!

miércoles, 27 de mayo de 2015

Ojo de loca, no se equivoca

O más bien dicho, mi intuición de madre no se equivoca. Hace un tiempo atrás mi hija la última estaba (de nuevo) resfriada. Como siempre, las congestiones que ella hace son terribles: no puede respirar, los mocos no se le van nunca, se le irritan los ojos, le duele la garganta (y yo no lo sabía hasta hace poco), pero el oído también. Como siempre, su pediatra no me receta nada más que Panadol, pues él es anti medicinas.

Yo también soy anti medicinas con los niños, pero algo me parecía raro en todos estos frecuentes malestares de mi hija. A mí me parecía más una rinitis alérgica que otra cosa y aunque su pediatra me decía que no tenía nada que preocuparme, igual me preocupaba. Así, haciendo caso a mi intuición decidí llevarla al otorrino. La noche anterior a la cita fue terrible. Veía a mi hija tan congestionada con los ojos llorosos y sin poder respirar que llamé al pediatra y lo obligué a que me diga la medida de corticoide que le tenía que dar para bajarle la inflamación. Mi esposo casi me mata.

A la mañana siguiente, la llevé súper puntual a su cita con el otorrino. El doctor se demoró mucho más de lo habitual revisándola pues, resultó que mi instinto materno estaba en lo cierto. Mi hija tenía una otitis (aparentemente) crónica en el oído izquierdo, el tímpano inflamado y agua dentro del oído. Su capacidad auditiva estaba seriamente comprometida, y eso no era todo, en esta cita, descubrimos un pequeño tema genético en su oído derecho. Con lo que en esos momentos la capacidad auditiva de mi hija era prácticamente nula (o sea, sorda temporal). En esos momentos me alegré mucho de haberle dado el corticoide. Y por supuesto, se lo eché en cara a mi marido.

Gracias a mi ojo brujo, evitamos mayores daños en el oído izquierdo de mi hijita y los análisis y pruebas para su oído derecho los podremos hacer con calma y sin angustias.  Me alegro mucho de haber hecho caso a mi corazonada y de haber aprendido a seguir mi instinto. No sé si a todas les pasa, pero a mí de cuando en cuando, me entran unos “feelings” fuertazos y ahora confirmé que no debo ignorarlos.


Creo que todas las madres poseemos este sexto sentido cuando se trata de nuestros hijos, es sólo cuestión de hacerle un poquito de caso. Alguna gente (como mi esposo) no creerá, y dirán que estamos locas. Pero, yo a ellos les respondo: “ojo de loca, no se equivoca”. 

lunes, 25 de mayo de 2015

Ahora conocemos: Wonderland AfterSchool

Yo ya había escuchado hablar de este novedoso programa, pero fue recién la semana pasada, cuando realmente comprendí de lo que se trata este interesante sistema de "after school" (para las tardes después del colegio). Que estoy segura a uds. les va a gustar tanto como a mí.



¿De qué se trata Wonderland AfterSchool?
Es un acogedor centro para apoyar a los niños en sus tareas y obligaciones después del colegio. Aquí los niños se encuentran con un ambiente acogedor y moderno dónde personal especializado les ayuda a resolver sus tareas, repasar las lecciones aprendidas y les brindan diversos talleres. 

El innovador concepto de Wonderland AfterSchool fue creado como una solución para los padres que trabajan y/o necesitan apoyo en el cuidado e instrucción de sus hijos después del colegio.

¿Para quién es Wonderland AfterSchool?
Wonderland tiene programas para niños desde Pre Kinder (o Nursery) hasta 6to grado de primaria. No hay horario fijo de entrada ni de salida pues se adaptan a las necesidades de los padres. Sus programas especializados para el After School son de 2,3,4 y 5 veces por semana donde los chicos pasan primero por los talleres académicos (tareas y estudio) y luego por un taller divertido que cambia mes a mes, para evitar que se aburran. Talleres, como little chefs, arte, baile, taller de experimentos, taller de plastilina, etc...

¿Por qué me gusta?
Primero, porque el sistema realmente es una gran ayuda para las mamás. Y, no sólo para las que trabajan sino también para aquellas que tenemos más de un hijo en edad escolar y, a veces, nos vemos abrumadas por la cantidad de tareas, o porque no tenemos los medios (ni la paciencia) para hacer la tarea con ellos. Dejar a nuestros hijos en Wonderland, brinda la tranquilidad de saber que están en un lugar seguro, aprendiendo y divirtiéndose al mismo tiempo. Además, ayuda también a mejorar la relación madre-hijo/a pues es un estrés menos, sobre todo para las que llegan a casa cansadas del trabajo por las noches.  

En segundo lugar, por el lugar. El campus de Wonderland es maravilloso (¡vean las fotos!). Las instalaciones son de primera. 







Y por último, sus talleres de vacaciones: si no sabes qué hacer con los chicos en vacaciones y te preocupa que estén en la casa haciendo tonterías, Wonderland ofrece talleres de Vacaciones en Mayo, Julio, Octubre y su popular Summer Camp en verano, con programas completos de 9:00 a 12:30 am. 

¿Qué tal? 
Datazo, ¿no? Si quieren más información miren su web: www.wonderland.com.pe o entren a su fan page: facebook.com/WonderlandAfterSchool