sábado, 4 de junio de 2011

Mamás pisadas, hijos desquiciados

Hace unos días mientras tomaba un café con una amiga, ocurrió un extraño incidente - de esos que te dejan con cierto desasosiego una vez que han terminado - así, de esos que te dejan pensando. Quizá no hubiera sido tan extraño si la persona encargada de cuidar al niño (en este caso la mamá) hubiera ejercido un mejor control sobre su hijo. Pero, claramente la señora en cuestión no ejercía ningún tipo de autoridad sobre su hijo. Era el típico caso de
una mamá totalmente pisada y sometida por su hijo (ya) desquiciado.

La cosa sucedió algo así: mi amiga y yo estábamos felices de la vida tomando nuestro cafecito cuando de la nada un niño de unos 5 años le tira un juguete en la cabeza a mi amiga y le pregunta con tono de mando: ¿Cuál es tu nombre?  ... (silencio) Mi amiga y yo estábamos en shock. El niño volvió a preguntar: ¿Cuál es tu nombre? Shock total. Levanté la vista para ver qué adulto "cuidaba" al niño y vi a su mamá;  no decía nada, no hacía nada, se limitaba a contemplar a su hijo. Sin poder salir de mi asombro ante la actitud de la madre y viendo el fastidio de mi amiga, le pregunté al niño: “¿Qué pasó? ¿Te confundiste?”. A lo que respondió: “No, yo quiero saber su nombre”. Miró a mi amiga y le dijo: “¿Cómo te llamas? ¡Dime tu nombre!”. A lo que ella – para mi sorpresa – respondió: “No quiero”.

Niño mirando a la cámara con cara de loco
Shock total. Levanté la vista de nuevo, buscando a la madre de la criatura para que haga algo pero, ella sólo atinaba a decirle a su hijo en una voz muy suave y sin una pizca de autoridad: “ven, ven, por favor ven.” Por supuesto, el niño ni se inmutó, y más bien me amenazó: “Si no me dice su nombre, le vuelvo a tirar esto, ¿ya?, y a ti también”. Nunca me había enfrentado a tanta malcriadez de un niño extraño. Para ser honesta no sabía bien qué hacer: ¿lo corregía yo? ¿obligaba a la madre a corregirlo? ¿le llamaba la atención a la madre? ¿Qué podía hacer? Una vez más, busqué con los ojos a la madre de la criatura para decirle que se lo llevara, pero no solo no se atrevía a mirarme, sino que parecía que se iba a poner a llorar. Así, que miré al niño y le dije con el tono más firme que pude: “ándate con tu mamá”, a lo cual el niño replicó algo. Volví a insistir: “mejor ¡anda con tu mama!, anda con tu mamá ahora". El niño seguía clavado en su sitio… en un último intento hice contacto visual con la madre quien se armó de valor y mirando al piso se llevó a su hijo.

Terminado el incidente no podía pensar en otra cosa, ¿Qué le había pasado a esa mamá? ¿en qué momento perdió el control de su hijo? ¿por qué no lo corregía? ¿Tendría vergüenza de corregir a su hijo delante de dos desconocidas? ¿No es acaso más vergonzoso que se porte así? o ¿es que acaso las mamás estamos tan cegadas por el amor incondicional hacia nuestros hijos que no nos damos cuenta que a los demás, sus “gracias” les pueden parecer inoportunas y antipáticas? O peor aún, ¿tenemos miedo las madres de contrariar a nuestros hijos y que no nos quieran? ¿tenemos miedo de corregirlos y que se molesten con nosotras? ¿Acaso, nos olvidamos que el amor y el respeto vienen de la mano, y que a largo plazo el niño valorará más a una madre firme que le otorgue estructura con reglas claras? ¿No es mejor ser alguien a quien nuestros hijos puedan admirar?

Este incidente me dejó pensando muchas cosas. Mi hijo tiene un carácter muy, muy fuerte. Yo quiero que sea un niño seguro de sí mismo, que me quiera y me respete y respete también al otro. Soy consciente que necesito armarme de valor y coger toda mi fuerza de voluntad para doblegar el carácter de mi pequeño tirano, pero después de este episodio tengo más certeza que nunca, que aunque se me rompa el corazón no puedo permitirle que haga lo que se le dé la gana y por muy pequeño que sea tiene que aprender a no atropellar a la gente. Tiene que aprender que hay límites, tiene que aprender que la mamá manda.

Nos va costar bastante, pero ya tuve la oportunidad de ver el futuro y no me gusta. Gracias a Dios, estoy a tiempo de cambiarlo.